En agosto de 2024 el presidente Javier Milei afirmó a los miembros de las Fuerzas Armadas, "En mí encontrarán un presidente que los va a respaldar siempre. Vinimos a dar vuelta esta triste página de nuestra historia, para enfocarnos en escribir una nueva, donde nuestras fuerzas armadas tengan el respeto y el reconocimiento que se merecen”.
Y si bien, durante el 2025, con la motosierra funcionando noche y día, logró aumentar el gasto en defensa para unas fuerzas armadas totalmente desahuciadas en pertrechos, equipos y material, para el 2026 se observa un retroceso que ya fue anotado por los dirigentes de la OTAN.
Porque la Argentina regresó a la Alianza del Atlántico Norte en abril de 2024 como Aliado Extra-OTAN, al comenzar un giro geopolítico de 360 grados con respecto a las administraciones kirchneristas que le permitió sostener una firme alianza con los Estados Unidos de Donald Trump y le posibilitó a la Nación volver a acceder a armamento estadounidense, a través de Dinamarca, evitando embargos y restricciones impuestos por Gran Bretaña luego de la guerra de Malvinas.
El ex ministro de Defensa, Luis Petri afirmaba al comienzo del gobierno del libertario, "Seguiremos trabajando en recuperar vínculos que permitan modernizar y capacitar nuestras fuerzas al estándar de la OTAN”.
En esa dirección, llevó a la Argentina al Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania (UDCG, por sus siglas en inglés), que reúne a 54 países, dentro y fuera de la OTAN, para coordinar la asistencia militar a Ucrania en su guerra con Rusia.
Ahora bien, el gran salto que planificaba el gobierno dar en este 2026, era conseguir el carnet de socio global de la OTAN. Por ahora, tiene el apoyo de Estados Unidos por lo que la Argentina es una aliada Extra-OTAN.
No es una diferencia menor. La principal radica en la entidad con la que se firma el acuerdo: socio global es una alianza estratégica de seguridad con la organización OTAN (diálogo político, cooperación militar), mientras que Aliado Extra-OTAN (MNNA) es un estatus conferido directamente por Estados Unidos para cooperación en defensa. Es la “chapa” que tiene la Argentina. En ninguno de los dos casos se es miembro pleno.
A pesar de la disconformidad por el nivel de gasto de los países miembros de la OTAN, puesto en blanco sobre negro a través de declaraciones del propio Donald Trump, se trata de un club militar al que cada vez más naciones pretenden ingresar desde que a Vladimir Putin se le ocurriera invadir Ucrania desatando una nueva etapa de bonanza económica para las empresas de armas.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) esta conformada de la siguiente manera:
- Socios Plenos (Miembros): 32 países de Europa y Norteamérica que se adhieren al Tratado de Washington.
- Socios Globales (Partners across the globe): La OTAN coopera individualmente con varios países fuera del área atlántica, incluyendo Afganistán¹, Australia, Colombia, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Nueva Zelanda y Pakistán.
- Aliados Importantes Extra-OTAN (MNNAs): Esta es una designación de EE. UU. (no directamente de la OTAN en conjunto) para aliados cercanos, que a menudo coincide con la lista de socios globales, incluyendo países como Israel, Argentina, Egipto, Jordania, Marruecos, y, recientemente, Perú.
En América Latina, el carácter de socio extra OTAN sólo lo poseen Argentina y, desde febrero, Perú. En enero de este año el gobierno de Trump decidió sumar a Perú a la OTAN de la misma manera que realizó con la Argentina.
Sin embargo, dar el salto de calidad para las pretensiones de la administración Milei y llegar a colocar a la Argentina de Aliado Extra OTAN a socio global, parecer ser una meta que no podrá concretarse en el mandato del economista libertario.
Las cuentas que no cierran para ser socio global de la OTAN
Y, el principal problema siempre es económico. Además, con los conflictos globales sin resolver pertenecer es cada vez más caro.
Se paso de un 2% del PBI en 2014 para ser socio de la OTAN a un 5% para el 2035. Una exigencia que es difícil de pensar para un país con recurrentes crisis financieras como la Argentina.
En la Cumbre de la OTAN de 2025 en La Haya, los Aliados se comprometieron a invertir anualmente el 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) en necesidades básicas de defensa y gastos relacionados con la defensa y la seguridad para 2035.
Asignarán al menos el 3,5% del PIB anualmente, con base en la definición acordada de gasto de defensa de la OTAN para 2035, a financiar las necesidades básicas de defensa y cumplir los Objetivos de Capacidad de la OTAN.
Los Aliados acordaron presentar planes anuales que muestren una estrategia creíble y progresiva para lograr este objetivo. Destinarán hasta el 1,5% del PIB anualmente para, entre otras cosas, proteger infraestructuras críticas, defender redes, garantizar la preparación y resiliencia civil, innovar y fortalecer la base industrial de defensa.
Anteriormente, en 2014, los Jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN acordaron destinar el 2% de su PIB nacional al gasto de defensa para contribuir a garantizar la continua preparación militar de la Alianza.
Esta decisión se tomó en respuesta a la anexión ilegal de Crimea por parte de Rusia y en un contexto de inestabilidad generalizada en Oriente Medio. El Compromiso de Inversión en Defensa de 2014 se basó en un compromiso previo de cumplir con esta directriz del 2% del PIB, acordado en 2006 por los Ministros de Defensa de la OTAN. Esta directriz del 2% del PIB fue un indicador importante de la determinación política de cada Aliado de contribuir a los esfuerzos comunes de defensa de la OTAN.
La Argentina está muy lejos del 2% del PBI.
Si hubo un punto de contacto entre Javier Milei y Victoria Villarruel, inclusive cuando en un desfile militar se treparon a un tanque de guerra, fue la de señalar que el presupuesto para la defensa heredada era escaso.
Sostenían, en 2023, que, “En Defensa tenemos los presupuestos más bajos de toda la región”.
En 2025, con la dupla presidencial rota por diferencias político-electorales, se cerró el año con un balance levemente positivo para el presupuesto militar.
En 2025 se incorporaron material y equipamiento, con los primeros 6 de de un total de 24 cazas, F-16AM/BM comprados a Dinamarca, llegaron 4 de los VCBR 8×8 Stryker, adquiridos a los EE.UU., se destacó la intención de adquirir submarinos para que la Armada vuelva a tener capacidades en ese campo (posiblemente sean los Scorpene franceses).
Sin embargo, el Presupuesto 2026 aprobado por el Congreso Nacional, sin déficit fiscal plantea un escenario distinto para la función en Defensa, con una reducción real de recursos y limitaciones operativas.
El presupuesto del Ministerio de Defensa para 2026 asciende, aproximadamente, a $3.583.051 millones. Esa cantidad de pesos es destinada, en cerca de un 80%, en el pago de salarios de los miembros de las Fuerzas Armadas cuyos ingresos vienen muy golpeados por la profundidad del ajuste económico llevado adelante por el gobierno nacional.
El Presupuesto para el área de Defensa representa un aumento del 1,5% con respecto al año anterior de manera nominal. En economía, el término nominal se refiere al valor de bienes, servicios o activos expresado en unidades monetarias corrientes (precios actuales o históricos), sin ajustar por los efectos de la inflación o el cambio en el poder adquisitivo. __IP__
Por ello, el problema es la inflación. El mismo Presupuesto prevé un alza del costo de vida del 10.1%. Por lo que, si se toma ese dato, el 1,5% de aumento no alcanza y a efectos reales, representa un ajuste más para el área de Defensa.
De esta manera, el presupuesto militar proyectado para Argentina en 2026 se estima entre el 0,55% y el 0,57% del PBI. Una cifra que refleja una ligera disminución respecto al 0.60% del 2025. Muy lejos del 2% requerido para ingresar al selecto club de la OTAN. #AgenciaNA.

